Nunca, he sido buena para ver películas, soy más de series o películas cortas. Soy pésima en recordar nombres de los repartos de las películas, menos de directores… No tengo el don de captar escenas de cada una de las películas que he visto, ni tampoco el tiempo de sobra para ver esos típicos errores de secuenciación entre una escena y otra. No tengo dedos para ese piano, y no me acompleja el reconocerlo. Como solemos decir, los psicólogos, el reconocer el problema ya es un gran paso. Tengo algunas historias nefastas en relación a las citas, dícese del salir con alguien por el sólo placer de querer meterme en las patas de los caballos o por influencia de mis amigos que me ven tan solita por la vida. El cinéfilo: Soltero, 30 años y cinéfilo a morir. Sonaba como una persona interesante, con tema de conversación y lo mejor de todo, con la disposición de tiempo de preocuparse por los más mínimos detalles. De palabras lindas, de frases armoniosamente agradables para mi oído y un sentido común único. Dispuesto a esas cosas que tanto agradan; te escuchaba cuando tenía un problema, no ofrecía soluciones sino simplemente escuchaba. Ideal en la teoría, pero en cacho en la práctica. La despedida: Había que cerrar el trámite de una vez, y justo cuando me iba a contar un secreto – que nunca supe, y tampoco quería saber – Tomé mi cartera, miré mi celular y dije:"Voy a pedir la cuenta. Es tarde". Después de finalizado el asunto del pago, le dije que me tenía que ir porque el camino a mi casa, era largo. Se ofreció en ir dejarme a la casa. Contesté frente al ofrecimiento, con un diplomático: "No, no te preocupes". La cita: Fome, sin derecho a segunda oportunidad. Sin vuelta atrás. Con el cuestionamiento en mi mente, de por qué y en qué andaba pensando cuando accedí a tal invitación. Pedí un jugo de berries, él un agua mineral. No quise comer nada, siento que no había espacio en mi estómago entre la tensión de encuentro y la sensación de aburrimiento constante. Me habló de él, de sus dramas cuando chico, de sus problemas familiares, de sus miedos a estar loco, etc. Esbozó un soliloquio inolvidable: "Yo, soy así como ves… Soy depresivo, un huevón triste. Un tipo, sin mayores aspiraciones. He estado con ene mujeres (como si me interesara, como si fuera un plus, como si fuera relevante), pero lo última me dejó marcado, me dejó mal. Ella me dejó tirado, como un perro en una carretera. Era loca, esa peuca. No sé, un día me quería otro me botaba". Por mi parte, sólo bebía mi jugo y trataba de hacerlo cundir, para evitar pronunciar palabras mordaces. Miraba para todos lados, pidiendo ayuda celestial. No fui al baño, para no denotar desesperación con el asunto. Conclusión: Toda escoba nueva, barre casi siempre bien – por lo menos antes de la primera cita a solas con alguien que conociste por influencia de tus amigas – . ● . El gemelo: ¿27 años? Sí, creo que 27. De profesión kinesiólogo, pero de oficio un papanatas cualquiera. A primera vista, un tipo simpático, buen bailarín, de pocas palabras eso sí. La mala idea, fue haber sido invitada en una suerte de cita doble; es decir los gemelos, una de mis amigas y yo. Caso complejo eso de tener un hermano gemelo, y más aún cuando la genética te tira los cromosomas de la dependencia patológica con quien compartirte nueve meses en el útero. Despedida: Estaba apestado con el asunto de la Comisaría, estuvimos ahí cerca de dos horas esperando que un carabinero, nos atendiera. Como no estábamos heridos, nos hicieron esperar… Y todo, por la constancia para presentarla por asuntos del seguro. En esas horas, lo que más odié fue su actitud de niño de diez años, evidenciando clara inmadurez y escasa tolerancia a la frustración. Por mi parte, miraba cuanta gente llevaba a una comisaría, un sábado domingo por la madrugada. Estaba tan apestado, que ni siquiera me fue a dejar, y el hermano de él se ofreció en dejarme en mi casa, y después pasar a dejar a mi amiga. Me despedí de él, fríamente. Y entre tanto apestamiento, me dijo que nos viéramos de nuevo. Arrepentimiento: Exactamente, eran las 07:15 de la mañana, cuando llegué a mi casa. Olía a cigarro, sin ser fumadora. Me dolía la cabeza, tenía sueño y quería sacar rápido la fétida ropa del carrete de esa noche de mi cuerpo. Me carga el olor a carrete, me molesta profundamente oler a cigarro y que mi pelo, se impregne a humo. Llegué a mi casa, los pajaritos cantaban, cerré la puerta y lancé un suspiro a los siete vientos. Me saqué los zapatos de señorita, y caminé a pies descalzos a mi dormitorio. Después del ritual, postcarrete – sacarme la ropa, abrir las ventanas de mi dormitorio, ponerme un fragante pijama y airear un poco mi pelo – pensé, que hubo - porque hubo – una milésima de segundos del día anterior en que no detuve a pensar en la simbiótica relación entre hermanos gemelos. La cita: Llegamos con anticipación mi amiga, porque los "gemelos" andaban supuestamente en un asado – digo supuestamente, porque después de una breve interrogatorio el gemelo kinesiólogo, me dijo que andaba con su hermano viendo un partido de fútbol - Mi amiga, me advierte tardíamente que el gemelo que me tocaba a mí era medio callado, pero no pesado. Lo que me dio lo mismo, porque tampoco andaba en planes de cacería. Además, un acto de caridad para ser considerado en el cielo no es malo. Llegaron tarde, tan tarde que con mi amiga nos fuimos a un pub, las dos y ahí estuvimos conversando un rato de puras cosas que una suele conversar con las amigas. Pedimos bebidas, cual señoritas, y esperamos que el gemelo (normal) llamara a mi amiga, para que ella le diera las coordinadas de donde estábamos. Cuando llegaron los gemelos, fue freaky. Para mí, eran iguales. Idénticos, pero mi buena amiga tenía claro cuál era cuál. Nos sentamos los cuatro en las mesitas del pub, y cruzamos algunas palabras. Bien hasta ahí, inclusive el gemelo medio callado, cantó en el karaoke y no parecía ser tan callado como me lo pintaron. Nos cambiamos de pub, y después fuimos a bailar a una discoteque que quedaba cerca, todo bien. Hasta… Vueltas y vueltas: "Viste a mi hermano" – me preguntó una voz desesperada – Claro, entre tanta vueltas del baile en la disco, perdí de vista a mi amiga y el gemelo. En realidad, con la amistad con la crespa no es simbiótica. Así, que poco me preocupó, que se perdiera un rato. Pero, a mi compañero de baile le importaba mucho encontrar a su gemelo. Ahí, en ese preciso momento comprendí eso de la "extraña y puta conexión entre gemelos". Empezó a saturarme con preguntas en relación a donde estaba el hermano, y si sabía dónde podrían estar. La simpatía, se me agotó en un rato y le dije: "Oye, pero de más que en un rato más aparece". Pero, eso no pareció calmarlo… Me tomó de la mano, y me llevo a pasear como "santa pelotuda" buscando al otro gemelo. Fueron casi 20 minutos, buscando en penumbras el mi amiga y el gemelo normal. Estaba chata, de tanto paseo. Y en una de esas, ahí están. Llegué a la mesa, y con una sonrisa en la cara, les dije: "Al fin, llevábamos ene rato dando vueltas". El encuentro gemelar: No alcanzó ni a sentarse, en la mesa, cuando vociferó un: "Vámonos, mañana tenemos que ir de paseo al Valle" – ese vámonos y ese paseo al valle no iban ni para mí ni para mi amiga – El gemelo con el que bailé toda la noche miró a otro yo, y le dijo: "Vámonos". El gemelo normal, le dijo que no, que todavía no. Además estábamos nosotras – se agradece la consideración -, pero el gemelo insistió, me quiero ir… Vámonos. Después de una particular performance diga de Caso Cerrado, el gemelo con que bailé, se despidió y se fue solo. Tomó las llaves del auto y se fue. De ahí, me quedé cual violinista sentada con mi amiga y el gemelo normal. Conversamos un rato, nos reímos de un recorrido musical de la época de universidad, y… sonó el celular del gemelo normal, por el tono de voz comprendí que algo había pasado. "Nos vamos a tener que ir porque mi hermano (gemelo) le chocaron el auto"- Salimos de ese lugar, y fuimos al estacionamiento, era claro... Su espejo retrovisor había sido "volado" por otro auto… Conclusión: Los gemelos no son recomendables para una cita, y menos – MENOS- si están ambos gemelos juntos, porque se exacerban los vínculos de hermandad, y una pasa a segundo plano porque lamentablemente no de la familia, como nos dijo el atinado gemelo a mí y mi amiga
7.4.09
Descartables, pero encuentros dignos de ser memorados.-
6.4.09
Asuntos - Pendientes.-
A veces, quisiera que los días fueran más largos… Poder disfrutar la luz día, también de noche. Hacer de esas breves conversaciones momentos eternos. Recordar lo que se quiere, y olvidar lo que no es correspondido. Hay veces, que quisiera tener un día eterno para hacer nada, sin culpas. Otros días, quisiera tomar de una buena vez las astas de mi vida, y no dejar cabos sueltos. Me faltan horas del día para hacer, me sobra miedo para evitar (te). Me sobran ganas de volver no sentir un pendiente más en mi vida.
22.3.09
Resfriada, con fiebre y pensando bolucedes.-
Estoy resfriada. Llevaba mucho tiempo de una salud intachable, pero… El cuerpo es débil, y caí. Estoy con fiebre, bebiendo un tazón caliente de limonada Estoy requetecontra resfriada, me siento pésimo físicamente, es como si el cuerpo me sobrara y además esto de la fiebre me hace sentirme atontada. No es grato tener el termostato alterado. Anoche no dormí, estuve con los ojos abiertísimos toda la noche, la cama se me hizo gigante. Me di innumerables vueltas, buscando un lugar apropiado para dormir, jugando con la almohada en encontrar el lado frío, en pensar un sinfín de bolucedes y el sentir en mi cuerpo los estragos de tener el termostato alterado. Mal, terrible. Quería dormir, pero no podía. No quise encender el note, porque me afiebraba más, no quise ver televisión porque en realidad nunca he sido fanática de la caja mágica… Tomé unas cosas de la pega, a lo más "ñoña", coordine mi agenda de atenciones y planifiqué hasta julio. Después, cuando la noche nuevamente se me hizo eterna, me alisé el pelo. Sí, porque si era mi última noche de vida, pensé que quería ser encontrada con el pelo sagradamente liso. Finalizada esa labor, tomé jugo de piña y vi amanecer sobre la ciudad, con mi pelo recién cortado, alisado perfectamente y con la tranquilidad de haber sacado algunos pendientes de la pega, sin mayor esfuerzo. Las noches insomnes y afiebradas, pienso muchas cosas. Imposible, no pensar en mi situación sentimental de "eternamente libre".
y hace poco terminé el último dulce de propóleo que me trajo de regalo mi mamá.
Después, pensé más cosas relacionadas con lo que quiero hacer a partir del próximo año, y también esbocé fuerzas mentales para salir pronto de este tedioso resfriado.-
18.2.09
Manos violáceas con aroma a naranjas.-
Han pasado quince años, de la partida de mi abuela paterna, ella nunca se caracterizó por ser cariñosa sino por el contrario. Yo, no le caía bien porque era niña. Y contra eso, y sus ideas machistas... ¡poco se podía hacer! En realidad, tampoco hice mucho por ganarme su cariño. Muy por el contrario, me vestía con vestidos cortos, usaba pintura en los labios y si podía usaba los zapatos de mi mamá. Ahora siendo adulta - qué cuesta asumir esa condición - podría decir, que nunca fui de esas personas que venden el culo por ser reconocidas o sentirse valoradas. A mí me quieren o no, pero de aquí a hacer esfuerzos humanos y extrahumanos por obtener el reconocimiento ajeno, no va conmigo. Con mi abuela no congeniábamos no más, ella era muy conservadora en miles de asuntos, prejuiciosa y siempre creyente de la verdad absoluta. Siempre estuvo atenta de aconsejar a mi mamá (su nuera)… No le gustaba, que usara colores llamativos ni que me maquillara en mis juegos de niña, porque según ella yo sería una bataclana cualquiera. Se equivocó en sus pronósticos. Ella no vio crecer, ni madurar, ni supo en vida de los pasos que seguí a pesar de sus ideas de señora nacida en 1918. Cuando, se enfermó. Sus egoísmos fueron desapareciendo, debe ser porque cuando sabemos que vamos a morir, y por lo menos tenemos la noción de la muerte está a la vuelta de la esquina, nos baja ese sentimiento de querer purificar el pasado. Nos ponemos más sumisos con la vida, y comprendemos que somos fragilísimos. Ella, tuvo que someterse a terapias durísimas, que le sirvieron para ablandar su corazón. Dos meses exactos, antes de morir, yo la vi por última vez. Mis papás consideraron que era muy crudo ver a la abuela; y me enviaron a pasar vacaciones a Santiago (en ese tiempo, ya vivíamos en Coquimbo). Cuando me despedí de ella, yo sabía que no la vería más, y el largo viaje de 7 horas en el bus, me quedé con la sensación de que antes de regresara, ella no estaría. Así, fue… Ayer, conversábamos con mi mamá. Y le hice recordar, que ya habían pasado quince breves años de la muerte de la abuela. Nunca por su forma de ser, se ganó que yo le dijera "abuelita". No había química para encariñamientos. Mientras, conversaba con mamá, uno de los recuerdos de ella que conservo, son sus manos. Tenía unas manos hermosas, delicadas, blancas y con lindas manchas violáceas y marrones. Era de esas mujeres, que con sus manos cuidaba y hacía crecer hermosas plantas en su jardín. Se dedicaba tardes enteras a sus plantas. Una tarde, al mes, iba a la Iglesia y ayudaba en el cuidado de los arreglos florales, y también hacía una multitud de detalles con su crochet e hilo marca "carmelita". En Navidad, la invadía el espíritu navideño, y toda la casa se vestía de rojo y verde… Además, ese era el momento, en que gastaba sus ahorros anuales y hacía regalos a todos; su último regalo fue un diario de vida con aroma a rosas y varios lápices de colores. A pesar, de ser poco afectiva física y verbalmente, era astuta y sabía lo que quería recibir en esa Navidad. De sus manos recuerdo, el aroma a naranjas, que cuidadosamente pelaba con un cuchillo, y hacía una suerte de caracolitos con las cáscaras; luego las dejaba tardes enteras secando en la ventaba de la cocina, y en invierno tomaba infusiones de naranjas que compartíamos en las tardes en que jugábamos a llevarnos bien. Y mis mejores recuerdos, son precisamente… Cuando bebíamos té de naranjas, intentando refugiarnos de la bruma marina de la ciudad de Coquimbo.-
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